El momento de comprender el no esfuerzo, la manifestación del sonido por ley propia en la ejecución técnica, revela el desprendimiento del cuerpo a través de la voz.
Es entonces que se hace sustancia la presencia amorosa en el sonido, la búsqueda presente en la manifestación del sentido o valor del discurso a través del torrente sonoro. Torrente que puede ser calmo y suave o vibrante y certero.
Entonces un cuerpo se manifiesta, la voz es una parte del cuerpo que se transforma en vehículo de la emoción, en el canal creado por la técnica, así la manifestación sucede también para el intérprete.