Todo fin artístico se vincula con la creación o vinculación con la belleza.
Esta, como ente, no le pertenece a nadie: es de todos. El camino es cómo acceder y cómo percibirla.
Sin duda hay una relación con el tiempo, o la temporalidad del encuentro tanto para producirla como para reconocerla. Ese feliz instante dimensiona todo. Hay un propósito comunicante, una invitación a pertenecer desde el acto vital hacia ella.